Son ocho las razones que tiene mi cabeza para dejar que seas su huésped destructor un rato más y ocho los botones de la camisa más bonita con los que mis dedos se han peleado para tirarla lo más lejos de la cama posible. Y empezar a perder la razón. Tú conmigo; yo contigo, tus suspiros y el pulso rebotante de tu corazón en el pecho. Poniendo melodía a la oscuridad por no dejar solos los sonidos que no controlas de tu boca.
Espera, no, ya estoy cansada de tener que sacar punta al lápiz cada vez que me acuerdo de las noches en la que respirabas a mi lado. Que va a ser más bonito para los dos que corras y vengas a correrte conmigo y que le den por culo al mundo y no a mí, porque te tengo.
Y si sigo así saco más de ocho razones porque empieza a jugar mi corazón suicida, que no sé qué le diste pero desde el principio me dice que no te vayas. Que eres lo que le hace latir.