Pasamos del "si escuece, está curando" al "si escuece, se llama amor" y ahí ni el alcohol puede curar. Y entre vasos de ron y whisky intento que cicatrice la herida que tengo por quererte. De más. Pero a veces se me olvida que el alcohol se sirve frío, como tú finges ser, y que el hielo también quema y hace que duela(s) más. Y no voy a abrir más veces el corazón, tampoco para que el cirujano le ponga los cinco que dice que me curarían. Lo que él no sabe es que lo que duele, es lo que más cura. Que lo dejo todo en tus manos entonces, a ver si tus besos sobre la herida esta vez escuecen. Porque curan.
Fall for you.
05 abril, 2015
21 enero, 2015
Razones.
Son ocho las razones que tiene mi cabeza para dejar que seas su huésped destructor un rato más y ocho los botones de la camisa más bonita con los que mis dedos se han peleado para tirarla lo más lejos de la cama posible. Y empezar a perder la razón. Tú conmigo; yo contigo, tus suspiros y el pulso rebotante de tu corazón en el pecho. Poniendo melodía a la oscuridad por no dejar solos los sonidos que no controlas de tu boca.
Espera, no, ya estoy cansada de tener que sacar punta al lápiz cada vez que me acuerdo de las noches en la que respirabas a mi lado. Que va a ser más bonito para los dos que corras y vengas a correrte conmigo y que le den por culo al mundo y no a mí, porque te tengo.
Y si sigo así saco más de ocho razones porque empieza a jugar mi corazón suicida, que no sé qué le diste pero desde el principio me dice que no te vayas. Que eres lo que le hace latir.
22 diciembre, 2014
II.
Ni tirarme por el precipicio de tu boca me llena ya y de verdad, acojona mucho. Mucho más que sobrepasar la velocidad permitida de besos y que nos quiten puntos en el carnet de querernos. Los que me van a tener que poner en el corazón el día que encuentres otra cara más bonita a la que besar cuando despiertes. Y des el portazo de tu vida haciendo temblar hasta los cimientos de mi razón que decía que no eras el indicado. Porque entre cabeza y corazón, siempre ganaba lo último. Quizás por ser más rojo o porque cuando le hacía caso me llevaba los besos más bonitos al final de la noche. Dejándolo en sístole y a mí sin respiración cuando tus labios rozaban mi cuello. Jugando a matar o morir por ti. Y yo ya me he cansado de perder.
16 septiembre, 2014
Quédate.
11 septiembre, 2014
x.
Ayúdame a resolver la ecuación que encierran esos días grises. Que aunque el sol brille en el cielo, el interior está en una escala de blancos y negros. Perdámonos entre caricias, recordando el tacto de nuestra piel y dejemos que los besos nos lleven a otro mundo. Hasta encontrar la solución. Y es demasiado fácil: estar entre tus brazos y recibir un abrazo de esos que deseas que nunca terminen.
15 agosto, 2014
Cerca. Siempre.
Me enseñaste a ver el vaso medio lleno y ahora creo que todo lo que se ponga por delante tendrá el agua suficiente como para no dar contra el suelo si me atrevo con ello. O quizás es que espero que si me equivoco estés tú allí en el fondo para sacarme a la superficie. Para darme la mano y levantarme. Y repetirme "nunca dejaré que te caigas" porque todos hemos necesitado esas palabras alguna vez. Bajito, al oído, susurrando. Y si todo eso lo acompañas con una de tus miradas, te juro que salgo del pozo más hondo porque, cariño, sin esos ojos ya no puedo vivir y joder, voy a ser un poco egoísta, no quiero que nadie vea en ellos lo mismo que vi yo y correr el riesgo de perderte. Tampoco quiero que prueben el sabor de tus labios ni sepan eso de que nadie recorre un cuello mejor que tus besos. Ya no seré tan tonta de dejar que otra te acaricie el pelo al compás que marquen nuestras bocas, ni que vea tu sonrisa después. Si apareciste como un salvavidas, ¿tiene lógica que ahora te quiera cerca siempre?
"I won't let you down."
22 julio, 2014
80 días
Yo no tardaría 80 días en dar la vuelta a tu mundo, a tu cuerpo. Quizás con 80 segundos me bastaría aunque no sería mala idea hacer una ruta por los lunares de tu cuerpo. Y perderme en el intento de recorrerlos uno a uno, desde tu cuello, pasando por tu espalda. Y memorizar las constelaciones que forman si los uno, como si se tratase de un juego. Ya sé que tu piel no es el cielo pero sí que me hace estar en él cada vez que tengo la oportunidad de rozarla. Perdona por mirar a las estrellas cada día y acordarme de ti. Sin saber ya si es por el recuerdo de aquella noche o porque tu cuerpo no tiene nada que envidiarle a una lluvia de estrellas. Pensándolo bien, 80 segundos se me quedarían escasos para recorrerte. Y 80 minutos. Y 80 días. Y quizás toda la vida.